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martes, 9 de julio de 2013
El teatro de posguerra
El teatro desde el año 40 hasta el 60: El teatro de los primeros años de posguerra es bastante pobre. Está marcado sobretodo por la ausencia de dramaturgos insustituibles como Lorca, Vale-Inclán, Miguel Hernández En esta etapa van a destacar básicamente dos géneros dominantes: El teatro humorístico y el drama ideológico.
El teatro humorístico responde a un humor intelectualizado, donde aprovecha las posibilidades cómicas del lenguaje (juegos de palabras disparatados) y escoge una visión amarga del mundo. Autores más característicos de este género son Jardiel Poncela (su teatro de basa en un humor disparatado, irónico, antisentimental y concibe el teatro como el reino del absurdo, con situaciones inverosímiles y realiza una crítica de la realidad. Su obra más significativa es "Eloísa está debajo de un almendro") y Miguel de Mihura, donde su humor se basa en la dislocación del lenguaje y expone una visión diferente de la sociedad, por su simpatía hacia unos personajes libres de prejuicios y marginales, enfrentados en un mundo cursi y convencional. Su obra más aplaudida fue "Tres sombreros de copa".
El drama ideológico. Aparece una corriente existencial que evoluciona hacia un realismo social en la década de 1950. Sus máximos representantes fueron Antonio Buero Vallejo (que inició el teatro de testimonio y compromiso donde plantea los conflictos de la sociedad de su tiempo. En su teatro predomina las obras realistas, pero fue evolucionando escribiendo obras de tono experimental, de carácter histórico o un teatro en torno a la tortura. Su obra más representativa es "Historia de una escalera") y Alfonso Sastre, que es el máximo representante del teatro social. En su obra predomina el tema de la opresión. Obras muy significativas del autor son "Escuadra hacia la muerte", "La sangre y la ceniza", etc.
El teatro de la década del 70 y 80.
En los años 70, la renovación teatral va ligada al teatro independiente. Este nuevo tipo de teatro elimina definitivamente al realismo y se inicia con la experimentación de nuevas formas.
En el teatro-espectáculo pierde protagonismo el texto literario en beneficio de la escenografía, se emplea un lenguaje más alegórico y abstracto, se difuminan los límites entre ciertos géneros y se incorporan importantes innovaciones de efectos especiales.
Entre los teatros independientes que se consolidaron con una oferta comercial destacaron CAPSA en Barcelona, el TEI (Teatro experimental independiente) en Madrid, Quart23 en Valencia...
Junto a los grupos teatrales destacan varios dramaturgos vanguardistas que no consiguieron el apoyo del público ni de la crítica. Mención aparte merece la figura de Fernando Arrabal, quien desde su exilio voluntario en París destacó y triunfó con su teatro pánico.
A partir de los años ochenta se afianza el teatro de autor y se abandonan las formas del experimentalismo. Al mismo tiempo se recuperaron obras de autores exiliados como Max Aub y Alberti y surge un teatro y un cine que trata el tema de la guerra y obtiene una gran acogida.
En conjunto, se distingue diferentes tendencias:
-El teatro de tipo tradicional, en el que destaca Fernando Fernán Gómez con "Las bicicletas son para el verano" y José Sanchis Sinisterra con "¡Ay, Carmela!".
-El teatro-farsa, donde recoge elementos del esperpento y del sainete y suele plantear temas conflictivos. El autor más característico es Luis Alonso de Santos con su obra "Bajarse al moro".
-Teatro experimental, que es un teatro de grupo donde destaca La Fura dels Baus con un teatro espectáculo.
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