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lunes, 17 de junio de 2013
Siglo XVIII - Neoclasicismo
Poesía del siglo XVIII.
La lírica de este periodo no es emotiva ni original. Se cultivan sobretodo tres tendencias: posbarroca, neoclásica y prerromántica.
Uno de los autores principales de la poesía es Juan Meléndez Valdés, sus obras sintetiza las corrientes poéticas del momento.
En su primera etapa compuso anacreónticas, odas y églogas y también elegias y epístolas dedicadas a sus amigos. En la segunda etapa, evoluciona hacia el romanticismo donde escribe romances legendarios como "Doña Elvira" y una poesía de tema social y sentimental.
En torno a Valdés se formará un grupo de poetas, donde destaca Álvarez Cienfuegos. Aunque son autores que se forman durante el siglo XVIII, funden elementos neoclásicos y prerrománticos.
Prosa del siglo XVIII
Se cultivan tres tendencias a lo largo del siglo: posbarroca, neoclásica y prerromántica, pero lo más significativo de la prosa del siglo XVIII es el desarrollo del ensayo con Feijoo y Jovellanos.
En la narrativa, el novelista más representante es Cadalso.
El ensayo es el género que avanza con un mayor desarrollo en el siglo XVIII, por el contrario, la novela fue poco cultivada, a excepción del Padre Isla y Cadalso.
Fray Benito Jerónimo Feijoo: Autor de numerosos ensayos didácticos. Sus obras divulgan conocimientos muy variados con el objetivo de modernizar la sociedad de su época. Ataca las supersticiones y las falsas creencias populares, siempre con una perspectiva religiosa. Uno de sus obras más representativas es "Teatro crítico universal".
Gaspar Melchor de Jovellanos: Es un destacado representante del ensayo, donde trata de temas muy variados. Desde su perspectiva de ilustración, se propuso modernizar el país mediante sus obras, como por ejemplo "Informe sobre la ley agraria".
Jovellanos considera que la cultura es el origen de la prosperidad social y de la felicidad personal y plantea extender una educación donde combine los aprendizajes teóricos con la práctica de oficios.
José Cadalso: Autor de la obra narrativa más representativa de la Ilustración: "Cartas Marruecas", donde realiza una sátira social siguiendo el planteamiento de "Cartas Persas" de Montesquieu. También escribió "Noches lúgubres", elegía en prosa que enmarca en la literatura sepulcral del prerromanticismo.
Teatro del siglo XVIII
Las polémicas, sobre todo en el teatro fueron constantes durante buena parte del siglo XVIII. Los ilustrados defendían un teatro didáctico, mientras el público aplaudía las obras barrocas y posbarrocas. Los ilustrados y neoclásicos rechazaban el teatro de Lope y Calderón, pero sobre todo el de sus imitadores. Reprochaban que no se respetaba la regla de las tres unidades, que aportaba realismo a la obra.
Carlos III acabó prohibiendo la representación de los autos, lo que provocó reacciones airadas.
En la primera mitad del siglo XVIII triunfa la comedia barroca y posbarroca junto con los autos sacramentales. A pesar de que algunos autores intentaron crear un teatro neoclásico no tuvieron éxito, a excepción de la tragedia "Raquel" de Vicente García de la Huerta y las comedias de Leandro Fernández de Moratín.
En las últimas décadas el sentimiento prerromántico aparece en los autores como "El delincuente honrado" de Jovellanos por su tono emotivo de comedia lacrimosa.
Leandro Fernández de Moratín: Dramaturgo más sobresaliente del teatro neoclásico ya que es el creador de una comedia de forma clásica y con finalidad didáctica, donde plantea una suave crítica de las costumbres de la época y pretende educar a los espectadores. Su crítica alcanza tanto la actitud de las familias que actúan solo por interés como la obediencia de las jóvenes que aceptan casarse con hombres mucho más mayores que ellas que eligen sus padres por su condición económica. "El viejo y la niña" o "El sí de las niñas" son dos claros ejemplos.
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